Compartimos el articulo publicado por Ferran Brunet, miembro de la Junta Directiva de SCC y vocal de Economía y Empresa de la entidad, en ABC:
«Una expresión catalana advierte: «És un facinerós: allunye-te’n!». Efectivamente, de los facinerosos hay que ponerse a buen recaudo. La Real Academia Española define facineroso como: delincuente habitual, maleante, bandido, malhechor, forajido, desalmado y persona malvada o de perversa condición.
Facinerosos son el presidente de EE.UU. y el presidente del Gobierno de España. Son tramposos y mentirosos. No distinguen el bien del mal. Son atrevidos, audaces, osados, valientes, arrojados, intrépidos, denodados, desacomplejados, deprecativos, despiadados, implacables, bragados, temerarios, arriscados e imprudentes. Los facinerosos Trump y Sánchez son como almas gemelas. Y casi tienen vidas paralelas.
Dos caudillos. Dos radicales, emocionales, ideológicos y sin pizca alguna de ciencia. Pero uno está anclado en la derecha extrema y el otro está anclado en la izquierda extrema. Ambos facinerosos sostienen la preponderancia del ‘pueblo’ que ellos encarnarían sobre la ley.
Dos inmorales. Pero de uno de ellos se piensa que tiene alguna buena intención y algún valor, y del otro ni eso se piensa de él, no tiene principio alguno ni incluso fin distinto al de persistir en el cargo de presidente. Ambos facinerosos no diferencian entre fines y medios, y así utilizan cualquier modo si con él alcanzan sus desquiciados propósitos.
Dos descerebrados. Pero uno es un incontrolado y tiene formas disparatadas, y el otro controla las formas de una manera que él mismo cree exquisita. Ambos facinerosos creen en la legitimidad y eficacia del engaño, de modo que practican la mentira sin el menor rubor.
Dos disruptivos. Uno es disruptor del sistema político americano y del sistema de relaciones internacionales. El otro es disruptor de la democracia y de la integridad de España. Ambos facinerosos creen en el activismo. Hágase. Exprópiese. Orden ejecutiva, decreto ley. Con o sin el acuerdo de las cámaras.
Dos resilientes. Uno es superviviente de una primera presidencia conflictiva e ineficaz, de un asalto al Congreso de los EE.UU., así como de innumerables procesos penales, fiscales y civiles. El otro es superviviente de una defenestración de la secretaría general del PSOE, que reconquistó, y de perder todas las elecciones, y sin embargo ser capaz de formar tres veces gobierno, merced a las más extravagantes y dañinas cesiones a los enemigos de España, así como de varias sentencias del Tribunal Supremos e incluso del ¡Tribunal Constitucional! Ambos facinerosos creen en la impunidad y la obtuvieron.
Dos machos alfa hechos a sí mismos. Uno tiene experiencia en el mundo de los negocios, aunque más como buitre que como empresario. El otro no tiene ninguna experiencia fuera de la política, más allá de su ‘tesis doctoral’ plagiada. Ambos facinerosos creen que la voluntad lo puede todo.
Dos narcisistas. Pero uno es feo hasta lo horrendo, y el otro es joven y se figura un adonis. Ambos desprecian a todo el mundo, porque los demás son más guapos o mejores que él, o bien porque los demás no pueden ser tan guapos y buenos como él. Sin duda, los demás no pueden ser tan facinerosos como ellos lo son. Muy inteligentes no son, por lo menos en inteligencia emocional andan muy escasos. Si en lugar de bobos fueran algo perspicaces, serían algo empáticos o lo aparentarían. Ambos facinerosos creen en un único dios: ellos mismos.
Dos populistas. Pero uno es nacionalista americano por vocación y el otro es separatista español por necesidad. Ambos facinerosos creen en su capacidad de embaucar a sus oyentes y al electorado. Emplean las más inauditas medidas, tretas y propagandas, aunque luego los resultados que se obtengan sean contrarios a los anunciados.
Dos polarizadores. A pesar de que individualmente nadie confiaría en ellos, tienen millones de votantes que son fans suyos. Ebrios de su yo y de su poder, insultan, ningunean, criminalizan al adversario, al que convierten en enemigo. Dividen a la sociedad. Ambos facinerosos creen en la magia de las palabra y son cracs de las redes sociales.
Dos hienas. Ambos son merodeadores, buscadores de oportunidades, siempre a la búsqueda de la mejor mentira y de la ocasión para sacar partido de las desgracias. Actores siempre en el escenario, sinvergüenzas desvergonzados. Infieles, felones, traidores, despiadados, inmisericordes. Lunáticos, más uno que otro. Trileros, otro más que uno. Ambos facinerosos en quienes los votantes siguen confiando.
Dos psicópatas en política. Las personalidades psicópatas ¿cómo es que alcanzan más fácilmente el poder y se mantienen en él? ¿Por qué atraen en lugar de repugnar? ¿Cómo evitar que los facinerosos se conviertan en criminales políticos?
Dos democracias pasivas. Que EE.UU. y España estén en las surrealistas circunstancias políticas actuales, sorprende. A pesar del daño que desde hace algún lustro se viene infringiendo a la democracia americana y a la democracia española, éstas han sido incapaces de defenderse del golpismo gubernamental. Con Trump y con Sánchez los desgarros a la democracia son supremos, y vete a saber si serán reversibles. Señaladamente, como en muchas democracias, falla la selección de líderes y se encaraman los psicópatas. Ambos facinerosos creen que pueden contravenir las constituciones, las leyes, la justicia y la neutralidad de la administración pública.
Grandes líderes facinerosos, paralelos y antitéticos, Trump y Sánchez ¿se enfrentarán de modo visible? Trump cree que Sánchez no le llega a la suela del zapato, como el resto de mortales. Con un pisotón, Trump acabaría con Sánchez, de modo que éste evitará a aquél. Para Sánchez, incomodarse mucho con Trump podría ser echar a perder un retiro en una institución internacional, si alguna sobrevive a Trump…
Trump y Sánchez acabarán mal. Si no presos o en un psiquiátrico, que serían sus destinos manifiestos si no fueran políticos, terminarán mal destituidos y en el estercolero de la Historia, si éste existe. Pero tenemos fe y esperanza en que a sus países, si logran deshacerse de ellos no demasiado tarde, les vaya mejor y no peor que a estos dos presidentes facinerosos.
Finalmente deseamos señalar la peligrosidad del momento actual. Líderes facinerosos y dictadores psicópatas, y aun locos y criminales rematados, hubo muchísimos en la historia. Acabaron con un pueblo, asesinaron a millares, acaso a ¡millones de personas! Y por ellos se derrumbaron imperios. Sin embargo, en la actual época de poder nuclear extendido y de inteligencia artificial generativa la capacidad de destrucción es, efectivamente, millones de veces mayor que en el pasado. La decisión de un dirigente, sea éste facineroso y psicópata o bien demócrata inteligente y bondadoso, un error humano o un ordenador, pueden acabar con la humanidad.
De ahí que la fragmentación y la limitación del poder del líder, del ejecutivo o del presidente interese hoy sobre manera formalmente a EE.UU. y a las democracias liberales de Europa y Occidente. Pero, más allá de la forma, interesa a estas mismas naciones y a todo el mundo, de un modo inmediato y material, limitar el poder de quien concentra todo el poder práctico.
Sino ¿quién contendrá a Trump?, ¿quién evitará que pulse un botón inadecuado?, ¿quién es capaz de sujetarlo?»
