CA EN ES
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8 de octubre de 2022
Elda Mata: “El 8 de octubre nos dimos cuenta de que no estábamos solos; la ilusión se impuso al miedo”

LA VANGUARDIA

Si hubo 8 de octubre es porque hubo 1-O. Después de la traumática celebración, una semana antes, del referéndum unilateral de independencia, el 8 de octubre del 2017 cientos de miles de catalanes inundaron las calles de Barcelona para defender la unidad de España. Acción, reacción.

Hoy se cumplen cinco años y Societat Civil Catalana (SCC), la entidad constitucionalista que, junto a otros actores, como la Fundación Joan Boscà, organizó aquella masiva manifestación que sorprendió a propios y extraños, lo celebra “en la intimidad”. Cada momento exige una adecuación distinta, explica su vicepresidente Álex Ramos, que tuvo un papel muy activo en el 2017 y en el 2022 no ve motivos para estar “hiperrevolucionados” pero sí vigilantes: “Estamos ahí, y volveremos a reaccionar cuando corresponda”, dice con convicción.

“Aquel día nos dimos cuenta de que no estábamos solos”, recuerda la presidenta de SCC, Elda Mata, que vio al subir al tren que la llevó de una estación de la provincia de Girona a Barcelona como la “ilusión” se imponía al “miedo” que, en los días previos, habían sentido los catalanes que se sentían españoles.

El miedo es un sentimiento recurrente al rememorar lo que pasó. A él alude también Fernando Sánchez Costa, que presidió SCC durante tres años y hoy aspira a ser el alcaldable del PP en Barcelona. “Fue un punto de inflexión histórico”, explica. Para Catalunya, que vio reflejado su otro yo en el espejo, pero también para España y Europa, donde descubrieron que el relato del nacionalismo hegemónico no casaba con aquella multitudinaria “salida del armario ideológico”. El espacio público, coinciden todas las fuentes, no se podía dejar en manos de una parte de la sociedad mientras la otra permanecía callada.

La gestación no fue sencilla. Los partidos se habían mostrado reticentes para no “enconar” más la situación y la misma SCC descartó manifestarse, tal como tenía pensado, antes del 1-O debido a las dudas del gobierno de Mariano Rajoy. Pero las imágenes de aquel “drama” convencieron a Mariano Gomà, que entonces presidía SCC, de que había que actuar. Él llamó a Mario Vargas Llosa, quien, como sugirió Cayetana Álvarez de Toledo, que lo acompañó, podía pronunciar una “declaración universal” contra el nacionalismo, y Ramos, militante del PSC, convenció a Josep Borrell, que galvanizó la asistencia de la izquierda no independentista.

Con todo, los socialistas tuvieron una presencia discreta y Miquel Iceta cedió el protagonismo a Salvador Illa, que fraguó entonces el capítulo de su biografía que lo llevó primero a Madrid como ministro de Sanidad y más tarde de regreso a Catalunya como líder del PSC.

Ciudadanos, al que algunas fuentes reprochan que “no ayudó mucho pero sí se aprovechó” de la marcha para impulsar a Albert Rivera en su salto a la política española, y PP fueron invitados igualmente a participar, pero con la condición de que en el mitin final, aunque sus líderes estuvieran en el escenario, no tomarían la palabra.

“Fue indescriptible. No se podía dar un paso adelante hacia la Via Laietana. La ciudad estaba colapsada”, recuerda un asistente, que define aquella protesta “pacífica y festiva” como el “contrapunto a la tensión ambiental tremenda” desencadenada por el procés , que culminó en el shock de la violencia policial contra ciudadanos inermes. “Todo fue muy desgraciado. El Estado fue absolutamente patoso y regaló una campaña de propaganda al independentismo”, razona un empresario que participó en la creación de SCC, fundada en el 2014 para contrarrestar el proyecto soberanista.

Sin que nadie en la entidad lo tuviera previsto cuando el lunes 2 de octubre la junta directiva decidió convocar la manifestación para el domingo 8, el discurso del Rey del día 3 sirvió de “revulsivo” para que la movilización, de la que se hablaba cada vez más en las tertulias de televisión y ya inundaba las redes sociales, cristalizara. “Fue una inyección de vitaminas sobrevenida”, recuerda Gomà, que ve “lógico” que los independentistas, “dentro de su vehemencia”, acusen a Felipe VI de falta de empatía en aquellas horas.

Pasado el tiempo, SCC no olvida su exitosa puesta de largo, a la que siguieron años convulsos, con una crisis reputacional de por medio, y actúa con discreción llevando su red de influencia a los despachos políticos de Catalunya, España y Europa. “Si hemos de volver a a salir, saldremos”, asegura su presidenta, que critica que los partidos políticos de la órbita constitucionalista hayan vuelto al “cambio de cromos” con el nacionalismo catalán.

LA VANGUARDIA. Texto: Julio Hurtado. Fotografía: Xavier Cervera

FOTOGRAFÍA DESTACADA: Societat Civil Catalana

LA VANGUARDIA: Manifestación del 8 de octubre: “El día que no estuvimos solos”

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